Tello Meléndez,
Percy Gustavo. C.D.
Resúmen
El objetivo de este estudio fue evaluar la presencia de caries dental en 234 niños que asisten para Atención Odontológica a la Clínica de Bebés de la Facultad de Estomatología de la U.I.G.V. Las lesiones de caries (iniciales y cavitadas) fueron anotadas por superficies a través de los Índices de Knutson, ceo-d, ceo-s. Se encontró una prevalencia de caries en el 19.12%, 59.46% y 79.35% en los niños de 6 a 12, 13 a 24 y de 25 a 36 meses de edad respectivamente. Los índices ceo-d y ceo-s encontrados fueron respectivamente, de 0.32 y 0.32 para niños de 1 año de edad, 2.2 y 2.62 para de niños de 2 años y de 5.16 y 5.95 para niños de 3 años. Con relación a los hábitos alimentarios estudiados, se encontró el mayor porcentaje de caries en los niños que usaron biberón, lactaron de noche (para dormir), usaron edulcorante (principalmente el azúcar) y consumieron gaseosas. Respecto a la higiene bucal se encontró que el menor porcentaje de caries lo presentaron los niños que realizaron la mayor cantidad de veces la higiene bucal (3 veces al día) y en relación con la higiene nocturna se observó que la mayor presencia de caries está en los niños que no realizaron la higiene antes de dormir. Los resultados indican la necesidad de que la primera visita del niño a la consulta odontológica ocurra antes del primer año de vida.
Introducción
Estando a inicios de un nuevo siglo, la caries dental es considerada una enfermedad de la civilización moderna, ésta ocurre tanto en países desarrollados como en países en vías de desarrollo12, 15.
La caries dental es una enfermedad bacteriana (microbiana) multifactorial e infectocontagiosa, donde se verifica la interacción de 3 factores principales: el huésped (principalmente la saliva y los dientes), la microflora y el sustrato o la dieta; además de un cuarto factor como es el tiempo, que debe ser considerado en cualquier discusión sobre la etiología de la caries19.
También se le define como la descomposición molecular de los tejidos duros del diente que involucra un proceso histoquímico y bacteriano, el cual termina con la descalcificación y disolución progresiva de los materiales inorgánicos y desintegración de su matriz orgánica25.
La caries se origina en aquellas zonas de la superficie del esmalte donde la flora microbiana de la placa encuentra un ambiente adecuado para su multiplicación, colonización y para el metabolismo de los carbohidratos12.
Esta enfermedad depende de la presencia de placa conteniendo microorganismos acidogénicos. Estos proporcionan las enzimas necesarias para actuar sobre los restos alimentarios (carbohidratos) y producir un ácido que se forma en cantidad suficiente y que en contacto con la estructura dentaria por algún tiempo, inicia el desarrollo de una lesión cariosa, a través del secuestro de minerales14.
El Streptococcus mutans no es encontrado en la cavidad bucal antes de la erupción dentaria, debido a que el microorganismo requiere la presencia de tejido duro, no descamativo para su colonización25. La principal fuente de adquisición y transmisión de esta bacteria en los niños, es a partir de la saliva de sus madres8, 9, 11, 22, 25, 29; o de una persona muy cercana a ellos, ya sea por besos o por la utilización de los mismos utensilios de alimentación4.
La cariogenicidad de un determinado producto también está asociada a su tiempo de remoción total de la boca, el cual depende de diversos factores como: la consistencia física y la adhesividad, las características de la anatomía dental y del arco, los factores salivales y los movimientos musculares (principalmente la función de la lengua en la auto limpieza)29.
La lactancia nocturna y los dulces fuera de hora son los grandes enemigos de los dientes de los niños. Para la salud bucal, más que la cantidad, importan la frecuencia y el momento de ingestión de los azúcares13.
Antecedentes:
VILLENA Y BERNAL27, 1994, recolectaron información de 385 madres de niños entre 0 y 36 meses de edad. El cuestionario fue aplicado mediante el Programa de Crecimiento y Desarrollo del Hospital Nacional Cayetano Heredia en Lima-Perú. Se comprobó que el 73% de los niños inició el consumo de azúcar antes de los seis meses de edad. Los principales vehículos fueron líquidos y la razón principal fue “dar sabor”. El porcentaje de niños que consumían azúcares y su frecuencia de consumo aumentó con la edad.
Para evitar las lesiones de caries es importante, además de la limpieza bucal (principalmente después del último biberón), el control de los hábitos alimentarios inadecuados, ya que éstos se establecen de manera temprana en la infancia10, 29.
El flúor interfiere en el proceso de desmineralización y remineralización, también en el crecimiento y metabolismo bacteriano. Bajos niveles de flúor pueden alterar el metabolismo de los carbohidratos de las bacterias, reduciendo la producción de ácidos y la adherencia bacteriana26.
VILLENA28, 1988, midió la concentración natural de fluoruro en Lima Metropolitana y el Callao, encontrando que oscilaba entre 0.11 a 0.33 ppm, presentando una media de 0.18 ppm, considerándosele un valor bajo para una acción preventiva contra la caries dental.
El MINSA16, 1996; puso en marcha la fluorización de la sal de consumo humano, conteniendo alrededor de 200 ppm. de flúor, el cual llega al 75% de la población.
WALTER y col., 1987 (referidos por Walter y col. 29), realizaron un estudio preliminar donde la prevalencia de caries en 235 niños de 0 a 30 meses de edad atendidos en la Clínica de Bebés de la Universidad Estadual de Londrina. Los resultados demostraron la prevalencia de caries en el 23.53% de los niños entre 0 a 12 meses, de 28.57% en los niños entre 12 a 24 meses y de 62.96% en los niños entre 24 a 30 meses.
MORITA y col.18, 1993, realizaron un estudio de la prevalencia de caries en 1974 niños de 0 a 36 meses de edad en la ciudad de Londrina-Brasil. Encontraron la presencia de caries en el 3.8% de los niños entre 0 a 12 meses, del 24.3% de los niños entre 13 a 24 meses y del 45.9% de los niños entre 25 a 36 meses respectivamente.
NAKAMA Y WALTER, 1995 (Walter y col.29), hicieron un análisis de la prevalencia de caries en niños de 0 a 60 meses de edad, en la ciudad de Londrina-Brasil donde el agua de abastecimiento público es fluorada a 0.7 ppm. Se encontró una prevalencia de caries en el 8.7% de los niños entre 0 a 12 meses, del 27.4% en los niños entre 13 a 24 meses, del 46.1% en los niños entre 25 a 36 meses de edad.
BÖNECKER1, 1995, examinó 548 niños de ambos sexos del Municipio de Diadema São Paulo-Brasil, de 0 a 36 meses, de diferentes niveles socioeconómicos, y consumidores de agua de abastecimiento público fluorada (0.7 ppm).Se encontró una prevalencia de caries (cavitadas y manchas blancas) de 8.92% entre 0 a 1 año, de 34.50% entre 1 a 2 años y de 66.50% en niños entre 2 a 3 años de edad. Los índices ceo-d y ceo-s encontrados fueron respectivamente de 0.16 y 0.17 para niños de 1 año de edad, de 0.87 y 1.13 para los de 2 años de edad y de 2.54 y 3.68 para los niños de 3 años de edad. Del total de niños atendidos encontró una media del 38.32% de los niños afectados con caries y con un índice ceo-d y ceo-s medios de 1.25 y 1.75 por niño respectivamente.
FRISSO y col.6, 1995, realizaron un estudio en Brasilia – Distrito Federal, con una muestra de 60 niños de ambos sexos de 6 a 36 meses de edad. Para cada niño fue aplicado un cuestionario sobre hábitos alimentarios, higiene bucal, condiciones socioeconómicas y culturales, asociándolo a la presencia de caries.
Comprobaron que el 35% del total de niños presentaban lesiones de caries. Encontraron que el 30% de los niños realizaban lactancia materna y que el 50% de los niños usaban biberón; con respecto al contenido era frecuente el uso de leche formulada con azúcar en la mayoría de los niños. Relacionaron la presencia de caries con la lactancia materna y el uso del biberón, obteniendo lesiones cariosas en el 27.7% y el 35.3% respectivamente.
Con relación al número de comidas diarias, encontraron que el 26.7% lo hacían 3 veces al día, el 53.3% 5 veces al día, el 16.7% 7 veces y el 3.3% más de 7 veces al día.
También se demostró que el 81.7% del total de niños consumían gaseosas. Se verificó una relación estadísticamente significativa entre los niños que realizaban algún tipo de higiene bucal y la presencia de caries. La ocurrencia de caries fue de 20.5% en los niños que higienizaban y en aquellos que no realizaban ninguna limpieza fue de 38.8%.
MASSAO12, 1997, presentó trabajos realizados en la Clínica de Bebés de Unigranrio en Duque de Caxias (Rio de Janeiro-Brasil), demostrando que en el primer año de vida del bebé, existe la presencia de hábitos inadecuados.
Se encontró que existía una ausencia de la higiene bucal en el 68.66% de los bebés y la presencia de la lactancia nocturna(Pecho y/o biberón) en el 86.57% de los bebés examinados. Además, se comprobó que el 5.97% de los bebés poseían una alta frecuencia en el consumo de azúcar, que el 33% fueron contaminados por las madres a través de la saliva y cerca del 13% presentaban lesiones cariosas en el primer año de vida.
MEDEIROS y col.15, 1997, utilizaron un total de 726 bebés de 6 a 36 meses de edad, de ambos sexos, de diversos grupos étnicos y clases sociales, residentes en diversas localidades del Estado de Río de Janeiro.
Se determinó el índice de caries en bebés, utilizándose el criterio de CPO modificado. La prevalencia de caries fue de 1.56% en niños de 6 a 12 meses, 13.45% en los niños de 13 a 24 meses y de 35% en los de 25 a 36 meses. Dando un total de 16.67% en la muestra atendida.
Determinaron que el 57% de los padres establecen mecanismos de transmisión microbiana hacía sus hijos bebés (principalmente probando la comida de su hijos con el mismo cubierto que lo alimentan). También encontraron que el 42.21% de los padres colocaban poca azúcar, el 20.37% colocaban en regular cantidad y que el 37.42% colocaban mucha cantidad de azúcar en la alimentación.
Además de estos resultados, se encontró que el 52.87% de los bebés recibían alimentación nocturna. Con relación a la higiene bucal se observó que el 25.10% lo realizaban a veces, el 15.30% lo hacían una vez al día, el 34.75% no sabían como hacerla y que el 24.85% lo hacían siempre después de alimentarlo.
Un estudio epidemiológico aliado al conocimiento de la actividad de la enfermedad provee indicaciones sobre las necesidades preventivas y tratamiento curativo que deben ser consideradas en la atención precoz, educación y concientización para la promoción de salud.
La falta de información hace que las personas piensen que el tratamiento dental para niños deba iniciarse alrededor de los tres años, siendo esta edad tardía como inicio de cualquier programa preventivo.
La educación para la Salud Bucal debe iniciarse en las gestantes, siendo éste un período en el que la futura madre se encuentra más receptiva, además la mujer es el vector más efectivo para impartir información y educación, con esto se obtendrían mejoras con relación a la salud bucal de los niños de ésta y de las generaciones futuras.
Para que un servicio de Salud Bucal cumpla su objetivo, es decir, disminuir el índice de caries en niños a través de la prevención y promoción de salud, es necesaria una interacción con los servicios de Gineco-obstetricia, Neonatología y Pediatría.
Materiales y Métodos
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Fueron examinados 234 niños de 6 a 36 meses de edad, de ambos sexos, diversos grupos étnicos, diferentes clases sociales y consumidores de agua de abastecimiento público sin flúor27; que asistieron para la atención odontológica a la Clínica de Bebés de la Facultad de Estomatología de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega durante el período de diciembre de 1999 a Enero del 2000 (Figura 1)
Figura 1: Clínica de Bebés de la U.I.G.V.
Figura 1: Clínica de Bebés de la U.I.G.V.
Para no incurrir en distorsiones de representatividad, se realizó la recolección de datos a través de una entrevista con la madre y/o apoderado y el examen clínico con criterios de diagnóstico preestablecidos.
Los niños fueron examinados en posición decúbito dorsal en los MACRIS (WALTER y col.30, 1991) procediendo luego a realizar la higiene bucal con gasa embebida en agua oxigenada diluida preconizada por WALTER y col 29 en 1996; en los niños que presentaban los molares deciduos la limpieza se realizó con la ayuda del cepillo e hilo dental (Figura 2). Posterior a la limpieza se realizó el secado con gasa, para mejorar la visualización de las superficies dentarias y ayudar con el diagnóstico de las “Manchas Blancas” (Figura 3). La fuente de luz para el ambiente donde se realizó los exámenes fue artificial y natural.
El examen intrabucal se realizó de manera visual con la ayuda del espejo bucal, haciendo anotaciones de los dientes comprometidos según los cuadrantes y las superficies. El explorador no fue utilizado en el examen, debido a que existen varios estudios acerca de los daños causados por este instrumento y por las evidencias de que el explorador actúa como vehículo de transferencia de microorganismos cariogénicos hacia las fisuras no infectadas11; como también según YASSIN 34, 1995 y KRASSE 9,1986, concluyen que el explorador dental puede convertir una lesión de mancha blanca en una cavidad. Sin contar que los exploradores deben ser cambiados cada 5 o 10 exámenes por ocurrir un desgaste en su punta activa2. En estudios se verificó que el uso del explorador no aumenta la validad de los diagnósticos, en comparación con el examen visual aislado; contradiciendo la posición de los clínicos y los epidemiologistas que aseguran exactamente lo contrario, afirmando que los ojos y la intuición por sí sólo no constituyen herramientas suficientes para un buen diagnóstico. En países como Holanda y los que componen el Reino Unido, la tendencia actual favorece al examen epidemiológico enteramente visual5. Además, las fisuras en donde se traba el explorador, pueden no estar cariadas; este trabamiento se puede deber a la morfología de las fisuras o a la presión ejercida en ellas5.
Figura 3: lesiones de mancha blanca y cavitadas.
Los criterios utilizados para el diagnóstico de los signos están de acuerdo con PINTO23, 1992, la O.M.S.33, y el CPO modificado5. La superficie fue considerada con Mancha Blanca cuando había lesión incipiente de caries, ósea un área de desmineralización del esmalte con perdida de translucidez, de coloración blanco opaca y sin cavitación. El diente fue considerado erupcionado cuando cualquier parte de éste estaba visible.
Teniendo en cuenta que para la prevalencia de caries se trabajó con: El índice de Knutson, ceo-d, ceo-s.
Entre los hábitos alimentarios considerados están: La lactancia materna, uso de biberón, lactancia nocturna, uso de edulcorante (azúcar y miel) en la leche del biberón, cantidad de edulcorante usado en el biberón, consumo de gaseosas y los mecanismos de transmisión microbiana.
Entre los hábitos de higiene bucal considerados están: La presencia y ausencia de la higiene bucal, frecuencia de higiene e higiene nocturna (luego del último biberón o alimento ingerido).
Los datos obtenidos fueron analizados estadísticamente por la prueba de Chi-cuadrada ( X2 ) con un intervalo de confianza del 95%.
Resultados
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Índice de Knutson
El porcentaje de niños afectados con lesión de caries fueron de 19.12%, 59.46% y 79.35% en los niños de 6 a 12, 13 a 24 y de 25 a 36 meses de edad respectivamente. La prevalencia del caries del total de la muestra fue del 55.56% .
Índice ceo-d
El índice ceo-d encontrado fue de 0.32 para los niños entre 6 y 12 meses, 2.20 para los niños entre 13 y 24 meses, y de 5.16 para los niños entre 25 y 36 meses de edad. El total de la muestra presentó un valor medio de 2.82 dientes cariados.
Índice ceo-s
El índice ceo-s encontrado fue de 0.32 para los niños entre 6 y 12 meses, 2.62 para los niños entre 13 y 24 meses, y de 5.95 para los niños entre 25 y 36 meses de edad. El total de la muestra presentó un valor medio de 3.27 superficies cariadas.
Hábitos Alimentarios
Lactancia materna
Se encontró que el 61.76% la realizaban entre los 6 y 12 meses, el 48.65% entre los 13 y 24 meses y que el 13.04% entre los 25 a 36 meses de edad. Con relación al total de la muestra observamos que el 38.46% tomaban pecho.
Lactancia artificial
Se encontró que el 67.65% la realizaban entre los 6 y 12 meses, el 62.16% entre los 13 y 24 meses y que el 53.26% entre los 25 a 36 meses de edad. Con relación al total de la muestra observamos que el 60.26% tomaban biberón.
Lactancia nocturna
Se encontró que el 98.53% la realizaban entre los 6 y 12 meses, el 79.73% entre los 13 y 24 meses y que el 53.26% entre los 25 a 36 meses de edad. Con relación al total de la muestra observamos que el 74.79% tomaban pecho y/o biberón para dormir.
Uso de edulcorante
Se encontró que el 67.39% lo utilizaban entre los 6 y 12 meses, el 89.13% entre los 13 y 24 meses y que el 89.79% entre los 25 a 36 meses de edad. Con relación al total de la muestra observamos que el 73.05% endulzaban con azúcar, el 9.22% con miel y el 17.73% no utilizaron ningún tipo de edulcorante en la leche del biberón.
Cantidad de edulcorante
Se encontró que el 32.61% utilizó ½ cucharadita entre los 6 y 12 meses, el 30.43% entre los 13 y 24 meses y que el 20.41% entre los 25 a 36 meses. El 26.09% utilizó 1 cucharadita entre los 6 y 12 meses, el 36.96% entre los 13 y 24 meses y que el 40.82% entre los 25 a 36 meses. El 8.69% utilizó de 2 a más cucharaditas entre los 6 y 12 meses, el 21.74% entre los 13 y 24 meses y que el 28.57% entre los 25 a 36 meses de edad.
Con relación al total de la muestra observamos que el 27.66% endulzaron el biberón con ½ cucharadita, el 34.75% con 1 cucharadita y el 19.86% con 2 a más cucharaditas.
Consumo de gaseosas
Se encontró que el 51.47% la tomaban entre los 6 y 12 meses, el 86.49% entre los 13 y 24 meses y que el 92.39% entre los 25 a 36 meses de edad. Con relación al total de la muestra observamos que el 78.63% tomaban gaseosas.
Frecuencia alimentaría diaria
Se encontró que el 0% comían 3 veces entre los 6 y 12 meses, el 17.57% entre los 13 y 24 meses y que el 35.87% entre los 25 a 36 meses. El 30.88% comían 5 veces entre los 6 y 12 meses, el 37.84% entre los 13 y 24 meses y que el 50% entre los 25 a 36 meses. El 35.29% comían 7 veces entre los 6 y 12 meses, el 24.32% entre los 13 y 24 meses y que el 13.04% entre los 25 a 36 meses de edad. El 33.82% comían más de 7 veces entre los 6 y 12 meses, el 20.27% entre los 13 y 24 meses y que el 1.09% entre los 25 a 36 meses de edad.
Con relación al total de la muestra observamos que el 19.66% comían 3 veces, el 40.60% comían 5 veces, el 23.08% comían 7 veces y que el 16.66% comían más de 7 veces por día.
Transmisibilidad microbiana
Se encontró que el 76.47% la realizaba entre los 6 y 12 meses, el 89.19% entre los 13 y 24 meses y que el 84.78% entre los 25 a 36 meses de edad. Con relación al total de la muestra observamos que el 83.76% utilizaron mecanismos de transmisión microbiana.
Hábitos de higiene
Higiene bucal
Se encontró que el 66.18% no la realizaban entre los 6 y 12 meses, el 36.49% entre los 13 y 24 meses y que el 7.61% entre los 25 a 36 meses de edad. Con relación al total de la muestra observamos que el 33.76% no realizaron ningún tipo de higiene bucal.
Se encontró que el 13.24% limpiaban a veces entre los 6 y 12 meses, el 0% entre los 13 y 24 meses y que el 7.61% entre los 25 a 36 meses. El 16.18% limpiaban 1 vez al día entre los 6 y 12 meses, el 21.62% entre los 13 y 24 meses y que el 16.30% entre los 25 a 36 meses. El 4.41% limpiaban 2 veces por día entre los 6 y 12 meses, el 17.57% entre los 13 y 24 meses y que el 33.70% entre los 25 a 36 meses de edad. El 0% limpiaban 3 veces por día entre los 6 y 12 meses, el 24.32% entre los 13 y 24 meses y que el 34.78% entre los 25 a 36 meses de edad.
Con relación al total de la muestra observamos que el 6.84% limpiaban a veces, el 17.95 limpiaban 1 vez, el 20.08% limpiaban 2 veces y que el 21.37% limpiaban 3 veces por día.
Higiene nocturna
Se encontró que el 1.47% la realizaban entre los 6 y 12 meses, el 12.16% entre los 13 y 24 meses y que el 34.78% entre los 25 a 36 meses de edad. Con relación al total de la muestra observamos que el 17.95% de los niños se dormían con la boca limpia.
Discusión
Los estudios epidemiológicos en salud bucal realizados en el Perú en los años anteriores, fueron sobre prevalencia de caries en grupos etarios diferentes a la del presente estudio. La recopilación bibliográfica muestra que a pesar de la escasa literatura sobre el tema, los estudios existentes reflejan la preocupación de muchos investigadores con relación a la prevalencia de caries en niños menores de 3 años de edad.
Índice de Knutson
Al analizar los niños que compusieron la muestra, podemos clasificarlas en dos grupos: las tienen o tuvieron lesiones de caries en alguna época de la vida (ceo> 1) y las que nunca tuvieron lesiones de caries (ceo = 0). El Índice propuesto por Knutson es el más utilizado, indica un valor que expresa el porcentaje de individuos que presentan la enfermedad “caries dental”.
Los resultados obtenidos en el presente estudio son superiores a los obtenidos por WALTER y col.29 (1987); MORITA y col.18 (1993); NAKAMA y WALTER 29 (1995); BÖNECKER 1 (1995); MEDEIROS y col.15 (1997). También se observa inferior los resultados obtenidos por WALTER y col.29 (1987) sólo en el grupo etario entre 6 y 12 meses.
Con relación al resultado obtenido del total de niños que formaron la muestra, se aprecia que el 55.56% presentaban lesiones de caries, siendo éste mayor a los resultados obtenidos por BÖNECKER 1 (1995); FRISSO y col.6 (1995) y MEDEIROS y col.15 (1997) (cuadro 1).
En los resultados demostraron que conforme ocurrió el aumento de la edad, también ocurre un incremento del porcentaje de niños que presentaron un ceo > 1 (gráfico 1). Se encuentra un aumento de 3.11 cuando se compara el 1° y 2° año de vida, y de 1.33 entre el 2° y 3° año de vida.
Cuadro 1: Comparación de la prevalencia de caries en niños entre 0 a 36 meses de edad y los encontrados en el presente trabajo.
Índice ceo-d
El Índice ceo-d propuesto por Gruebbel es una adaptación del CPO-D descrito por Klein y Palmer para dientes temporales26. Este índice representa la media de dientes deciduos cariados (c), con extracción indicada (e) y obturados (o)23. Las lesiones de caries incipientes (mancha blanca) fueron consideradas como carie (c) (según el ÍNDICE CPO MODIFICADO5).
Al ver los datos agrupados anualmente, encontramos un ceo-d medio en los niños entre 6 y 12 meses de 0.32, en los niños entre 13 y 24 meses de 2.20 y de 5.16 en los niños de 25 a 36 meses de edad. Al comparar estos resultados con los referidos en el cuadro 1, los valores se observan superiores a los encontrados por BÖNECKER 1 (1995).
Con relación al resultado obtenido del total de niños que formaron la muestra, se observó un ceo-d de 2.82, siendo mayor a los resultados encontrados por BÖNECKER 1 (1995).
Existen controversias acerca de la inclusión del diagnóstico de mancha blanca en los trabajos epidemiológicos. La mancha blanca es un signo de la enfermedad (caries dental), y como tal debe ser incluida y calculada en el componente c del índice ceo-d. Sin embargo, tales lesiones pueden sufrir remineralización y reversión del proceso carioso, y su inclusión en los índices nos llevaría a una distorsión de los resultados, pero al no ser considerados, no se tendría una visión real de los signos y el proceso de la enfermedad “caries dental”.
Por esta razón se calculó el índice ceo-d medio sin considerar a las lesiones de manchas blancas; en los niños de 6 a 12, 13 a 24, y 25 a 36 meses de edad, obteniendo un resultado de 0.00, 0.95 y 3.60 respectivamente. Estos resultados siguen siendo mayores a los encontrados por BÖNECKER 1 (1995), con excepción del resultado entre 0 y 12 meses de edad.
Observamos que dentro del primer año de vida sólo se encontró lesiones de mancha blanca; y a medida que se incrementa la edad, estas lesiones van en aumento y aparecen lesiones de caries cavitadas, siendo estas últimas mayores con el paso del tiempo.
Vale la pena recordar que los niños entre 6 y 12 meses tenían una media de 3.53 dientes erupcionados, mientras que los de 13 a 24 y de 25 a 36 meses de edad presentaron una media respectivamente de 12.93 y 19.16 dientes erupcionados.
Índice ceo-s
El índice ceo-s representa el número medio de superficies afectadas por niño examinado. En la composición de este índice, las molares fueron consideradas con 5 superficies y los incisivos y caninos con 4 superficies 23, 33. En los dientes anteriores no fue considerado el borde incisal como superficie.
Al ver los datos agrupados anualmente, encontramos un ceo-s medio en los niños entre 6 y 12 meses de 0.32, en los niños entre 13 y 24 meses de 2.62 y de 5.95 en los niños de 25 a 36 meses de edad (cuadro 1). Al comparar estos resultados con los referidos en el cuadro 41, los valores se observan superiores a los encontrados por BÖNECKER1 (1995).
Con relación al resultado obtenido del total de niños que formaron la muestra, se observó un ceo-s de 3.27, siendo mayor a los resultados encontrados por BÖNECKER1 (1995).
Los valores medios del ceo-s, cuando no fueron consideradas las lesiones de manchas blancas en el componente c del índice, fueron de: 0.00, 1.27, 4.13 en los niños de 6 a 12, 13 a 24, y 25 a 36 meses de edad respectivamente. Estos resultados siguen siendo mayores a los encontrados por BÖNECKER1 (1995), con excepción del resultado entre 0 y 12 meses.
Vale la pena recordar que los niños entre 6 y 12 meses tenían una media de 3.53 dientes erupcionados y 14.15 superficies presentes, mientras que los niños de 13 a 24 y de 25 a 36 meses de edad presentaron respectivamente una media de 12.93 y 19.16 dientes erupcionados, y de 54.72 y 83.91 superficies presentes.
HÁBITOS ALIMENTARIOS.
Lactancia Materna:
Al analizar los resultados obtenidos en el total de niños que integraron la muestra; observamos que el porcentaje de niños que lactan disminuye a medida que avanza la edad.
En el total de niños atendidos se observa que el 38.46% lactan, este porcentaje se muestra mayor a los encontrados por FRISSO y col.6 (1995).
Haciendo un análisis del porcentaje de caries en los niños que lactan y los que no lo hacen, se ve que el 56.67% de los niños que lactan tienen caries, mientras que el 54.86% de los niños que no lo hacen presentan caries (gráfico 2). El porcentaje de niños con caries que usan pecho, se muestra mayor a los encontrados por FRISSO y col.6 (1995).
Se presentó una leve predominancia de las lesiones de caries en los niños que lactan, pero, al aplicar la Prueba de Chi cuadrada (X2) esta diferencia no se mostró estadísticamente significativa, concluyendo que la prevalencia de caries es independiente de la lactancia materna.
Lactancia Artificial:
Se observa que el 60.26% del total de niños atendidos usan biberón, este resultado se muestra mayor al encontrado por FRISSO y col.6 (1995).
Haciendo un análisis del porcentaje de caries en los niños que usan biberón y los que no lo usan; se observa que presentan lesiones de caries el 64..54% de los niños que usan biberón, mientras que el 41.94% de los niños que no lo usan presentan caries (gráfico 3), este porcentaje de niños con caries que usan biberón, se muestra mayor a los encontrados por FRISSO y col.6 (1995).
Se presentó una predominancia de las lesiones de caries en los niños que usan biberón, y al aplicar la Prueba de Chi cuadrada (X2) esta diferencia se mostró estadísticamente significativa, concluyendo que la prevalencia de caries no es independiente del uso de biberón.
Lactancia Nocturna:
Se observa que el 74.79% del total de niños atendidos lactan para dormir, este resultado se muestra menor a los encontrados por MASSAO12 (1997).
Haciendo un análisis del porcentaje de caries en los niños que lactan y los que no lactan para dormir, se observa que presentan lesiones de caries el 60.57% de los niños que lactan, mientras que el 40.68% de los niños que no lactan presentan caries (gráfico 4).
Se presentó una predominancia de las lesiones de caries en los niños que lactan para dormir, y al aplicar la Prueba de Chi cuadrada (X2) esta diferencia se mostró estadísticamente significativa, concluyendo que la prevalencia de caries no es independiente de la lactancia nocturna.
Para efectos del estudio, la lactancia nocturna fue considerada en la ficha clínica, basándose en los puntos:
– Lacta para dormir.
– Duerme lactando.
– Lacta durante la noche.
Uso de Edulcorante:
Al analizar los resultados obtenidos en el total de niños que usaban biberón, observamos que: el mayor porcentaje de niños endulzan el biberón, y que el edulcorante más utilizado es el azúcar con relación a la miel. El mayor porcentaje del uso del edulcorante se da en el grupo etario entre 25 a 36 meses de edad.
El uso de edulcorante (principalmente el azúcar) aumenta con la edad, concordando con el estudio realizado por VILLENA y BERNAL 27 (1994).
Los resultados conseguidos en el total niños fueron: el 73.05% de los niños usan leche formulada con azúcar en el biberón, mientras que el 17.73% no lo usan (leche sin edulcorante), y sólo el 9.22% usan miel para endulzar el biberón. Este alto porcentaje de niños que usan leche formulada con azúcar, se muestra similar a los encontrados por FRISSO y col.6 (1995).
Haciendo un análisis del porcentaje de caries en los niños que usan edulcorante en la leche del biberón y los que no lo usan, encontramos que presentan lesiones de caries el 74.14% de los niños que usan edulcorante, mientras que sólo el 20% de los niños que no lo usan presentan caries (gráfico 5).
Se presentó un rango bastante amplio de las lesiones de caries en los niños que usan edulcorante, y aplicando la Prueba de Chi cuadrada (X2) esta diferencia se mostró estadísticamente significativa, corroborando la diferencia encontrada se concluye que la prevalencia de caries no es independiente del uso de edulcorante.
Para este punto, se consideró sólo la ingesta de azúcares en los niños que usan el biberón con leche.
Cantidad de Edulcorante:
Analizando los resultados se observa que a medida que la edad avanza, la cantidad de azúcar se incrementa.
El porcentaje general encontrado en el total de niños que endulzaron el biberón fue de: 27.66%, 34.75%, y de 19.86% en los que usaron ½, 1, y de 2 a más cucharaditas respectivamente.
Aplicando la Prueba de Chi cuadrada (X2) con relación a la presencia de caries y la cantidad de edulcorante, se mostró estadísticamente que la prevalencia de caries es independiente de la cantidad de edulcorante usada en el biberón.
Si bien es cierto que estadísticamente no existe relación alguna entre la presencia de caries y la cantidad de edulcorante; observamos en el gráfico 6 que cuanto mayor es la cantidad de edulcorante usado, mayor se presenta el porcentaje de niños con caries.
Consumo de Gaseosas:
Los resultados nos muestran que a medida que la edad avanza, se incrementa el número de niños que consumen gaseosas regularmente. En el total de niños atendidos se observa que el 78.63% consumen gaseosas, este resultado se muestra menor a los encontrados por FRISSO y col.6 (1995).
Haciendo un análisis del porcentaje de caries en los niños que consumen gaseosas y los que no consumen, se observa que presentan lesiones de caries el 64.67% de los niños que consumen gaseosas, mientras que sólo el 22% de los niños que no la consumen presentan caries (gráfico 7).
Se presentó una predominancia de las lesiones de caries en los niños que consumen gaseosas, y aplicando la Prueba de Chi cuadrada (X2), esta diferencia se mostró estadísticamente significativa, corroborando la diferencia encontrada se concluye que la prevalencia de caries no es independiente del consumo de gaseosas.
Frecuencia Alimentaría Diaria:
Analizando los resultados se observa que a medida que la edad avanza, la frecuencia de ingesta de alimentos disminuye. Si bien es cierto, los niños necesitan estar bien alimentados para obtener un buen desarrollo, lo observado en los resultados es que generalmente el alimento brindado entre las comidas principales de los niños son alimentos no nutritivos (dulces, galletas, chizitos, etc.) o biberones endulzados. A la mayor ingesta de alimentos entre comidas (principalmente carbohidratos fermentables) se incrementa el riesgo a desarrollar lesiones de caries
El porcentaje general encontrado en el total de niños fue de: 19.66%, 40.60%, 23.08%, y de 16.66% en los que se alimentan 3, 5, 7, y más de 7 veces al día respectivamente. Estos resultados se muestran menores cuando la frecuencia alimentaría es de 3 y 5 veces al día, mientras que se observan mayores cuando la frecuencia es de 7 y más de 7 veces al día, relacionándolos con los resultados encontrados por FRISSO y col.(1995).
Haciendo un análisis del porcentaje de caries con la frecuencia alimentaría diaria, se observó que cuando la frecuencia fue de 3 veces al día, el 47.83% de los niños presentaron lesiones de caries; en los que lo hacían 5 veces fue de 56.84%; para los que lo hacían 7 veces fue de 55.56%, mientras que cuando era de más de 7 veces al día, el 61.54% de los niños presentaron caries (gráfico 8).
Aplicando la Prueba de Chi cuadrada (X2) con relación a la presencia de caries y la frecuencia alimentaría diaria, se mostró estadísticamente que la prevalencia de caries es independiente de la frecuencia alimentaría diaria. Si bien es cierto que estadísticamente no se encuentra una dependencia, se observa que el mayor porcentaje de lesiones de caries se encuentra cuando hubo más frecuencia de ingesta de comidas (más de 7 veces al día).
En este punto se consideró a las comidas principales (desayuno, almuerzo y comida) y la ingesta de alimentos entre éstas.
Transmisibilidad Microbiana:
Al respecto de los mecanismos de transmisión en el total de niños examinados, podemos manifestar que se consideraron las siguientes preguntas: ¿Prueba la comida con el mismo cubierto que alimenta al niño?, ¿Enfría el alimento del niño soplándolo?, ¿El niño es besado en la boca?, y ¿Cuándo se ensucia el chupón lo limpia con su boca?; obteniendo un resultado de 57.14%, 71.43%, 73.98% y de 5.10% respectivamente en los niños afectados con cada una de las interrogantes mencionadas. Determinando que el mayor porcentaje de niños afectados se encuentra, cuando éstos son besados por los padres y/o apoderados.
Los resultados nos muestran un incremento leve con la edad, pero analizándolos vemos que continua manteniéndose alto el porcentaje de los padres o apoderados que transmiten microorganismos a sus hijos.
En el total de niños atendidos se determinó que el 83.76% de los padres o apoderados establecen mecanismos de transmisión microbiana hacia sus hijos, siendo este resultado mayor a los encontrados por MASSAO12 (1997) y MEDEIROS y col.15 (1997).
Haciendo un análisis del porcentaje de caries en los niños que sufrieron de algún mecanismo de transmisión microbiana y los que no sufrieron; se observa que presentan lesiones de caries el 57.14% de los niños que sufren de transmisión microbiana, mientras que el 47.37% de los niños que no las sufren presentan caries (gráfico 9).
Se presentó una leve predominancia de las lesiones de caries en los niños que sufrieron de algún tipo de transmisión, y aplicando la Prueba de Chi cuadrada (X2), esta diferencia no se mostró estadísticamente significativa, concluyendo que la prevalencia de caries dental es independiente de la transmisibilidad microbiana.
HÁBITOS DE HIGIENE BUCAL.
Higiene Bucal Diaria:
Los resultados nos muestran que a medida que la edad avanza, se reduce el número de niños que no realizan la higiene bucal.
En el total de niños atendidos se observa que el 33.76% no realizan ningún tipo de higiene bucal, este resultado se muestra menor al encontrado por MASSAO 12 (1997).
Haciendo un análisis del porcentaje de caries en los niños que realizan la higiene bucal con los que no la realizan, se observa que presentan lesiones de caries el 57.42% de los niños que realizan la higiene bucal, mientras que el 51.90% de los niños que no la realizan presentan caries(gráfico 10); estos resultados se muestran superiores a los encontrados por FRISSO y col.6 (1995).
Se presentó una leve predominancia de las lesiones de caries en los niños que realizan la higiene bucal, y aplicando la Prueba de Chi cuadrada (X2), esta diferencia no se mostró estadísticamente significativa, concluyendo que la prevalencia de caries no es independiente de la higiene bucal.
El porcentaje general encontrado en el total de niños fue de: 6.84%, 17.95%, 20.08%, y de 21.37% en los que realizan la higiene a veces, 1 vez al día, 2 veces, y 3 veces al día respectivamente. Estos resultados se muestran menores (con excepción de los que realizan 1 vez al día) a los resultados encontrados por MEDEIROS y col.15 (1997).
Haciendo un análisis del porcentaje de caries con la frecuencia de higiene bucal diaria, se observa que cuando realizan a veces la higiene bucal el porcentaje de niños con caries es del 75%, mientras que el porcentaje de caries es de 57.14%, 65.96%, y 46.30% en los niños que realizan la higiene 1, 2 y 3 veces al día respectivamente (gráfico 11).
Aplicando la Prueba de Chi cuadrada (X2) con relación a la presencia de caries y la frecuencia de higiene, se mostró estadísticamente que la prevalencia de caries es independiente de la frecuencia de la higiene bucal diaria. Si bien es cierto que estadísticamente no se encuentra una dependencia, se observa que el menor porcentaje de caries se presenta cuando los niños realizan la mayor cantidad de veces la higiene bucal (3 veces al día).
Higiene Bucal Nocturna:
Los resultados nos muestran que a medida que la edad avanza, se reduce levemente el número de niños que no realizan la higiene nocturna.
Haciendo un análisis del porcentaje de caries en los niños que realizan higiene nocturna y los que no la hacen, se observa que presentan lesiones de caries el 30.95% de los niños que realizan higiene nocturna, mientras que el 60.94% de los niños que no la realizan presentan caries (gráfico 12).
Se presentó una predominancia de las lesiones de caries en los niños que no realizan la higiene nocturna, y aplicando la Prueba de Chi cuadrada (X2), esta diferencia se mostró estadísticamente significativa, corroborando la diferencia encontrada se concluye que la prevalencia de caries no es independiente de la higiene bucal nocturna.
En este punto fue considerada la higiene nocturna como, la higiene que se realiza después de la última ingesta de alimento y antes de que el niño duerma. Analizando la presencia y ausencia de la higiene bucal con relación a la higiene nocturna; podemos observar que del 66.24% del total de niños que realizan la higiene bucal, sólo el 17.95% realiza la higiene nocturna. Conociendo lo perjudicial que es dormir con la presencia de alimentos (principalmente carbohidratos fermentables) en la boca, y por los diferentes estudios mencionados en la revisión de la literatura, corroboramos este alto índice de caries encontrado con la ausencia de la higiene nocturna.
Conclusiones
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” El índice de Knutson muestra que conforme se incrementa la edad, aumenta el porcentaje de niños con lesiones de caries (ceo > 1).
” El índice ceo-d medio varió entre 0.32 y 5.72, mientras que el índice ceo-s medio varió entre 0.32 y 6.59.
” Al considerar la presencia de las manchas blancas en el componente c (cariados) de los índices estudiados, estas fueron más prevalentes en el grupo etario entre 6 y 12 meses, luego el número decreció al compararlas con las lesiones de caries cavitadas.
” Las lesiones de caries cavitadas se observaron a partir del grupo etario entre 13 y 24 meses; dentro del primer año sólo se observaron lesiones de caries incipientes.
” Con relación a los hábitos alimentarios estudiados, encontramos el mayor porcentaje de caries en los niños que usaron biberón, lactaron de noche (para dormir), usaron edulcorante (principalmente el azúcar) y consumieron gaseosas, estos resultados se muestran estadísticamente significativos.
” Cuando ingirieron la mayor cantidad de azúcar (2 a + cucharaditas) y de comidas durante el día (+ de 7 veces al día), se observó que presentaron el mayor porcentaje de caries, pero sin ser estos resultados estadísticamente significativos.
” Con respecto a la higiene bucal, no se encontró diferencia estadística significativa con relación al porcentaje de caries de los niños que realizaron higiene con los que no realizaron. En tanto, se encontró que el menor porcentaje de caries lo presentaron los niños que realizaron la mayor cantidad de veces la higiene bucal (3 veces al día).
” En relación con la higiene nocturna se observa que la mayor presencia de caries está en los niños que no realizaron dicha higiene, y al evaluarlo estadísticamente se muestra significativo.
” Estos hábitos inadecuados deben de considerarse en el diagnóstico de riesgo de caries, ya que son establecidos de manera precoz en la infancia.
” El presente trabajo maneja índices a considerarse y nos muestra que la edad escolar es inoportuna para instaurar un programa preventivo eficaz en nuestro país, ya que en esta edad los niños se encuentran enfermos.
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